La labor de un periodista, y aun más en la defensoria del pueblo, es precisamente estar en las zonas de conflicto en las cuales, los grupos armados al margen de la ley tienen bajo cautiverio diferentes personas privadas de la libertad, y son en esos lugares, en los cuales nos damos cuenta que tan capacitados estamos para cubrir el conflicto armado en Colombia y en el mundo.
Era una mañana fría, el sol apenas se hacia presente con algunos rayos de luz entre una gran nube negra que lo tapaba, las calles de la ciudad de Bogotá estaban humadas y la gente, no se por cual razón, pero tenia el imaginario que por donde quiera que pasaba me miraban de arriba abajo, como un scanner cuando pretendemos pasar una imagen a digital, de la misma forma como va saliendo la grafico en el monitor del computador, sentía que me miraban, y eso, ya me daba escalofríos, era la mañana del 20 de Diciembre, y desde esas primeras horas de la amanecer ya sentía que no era un día cualquiera.
Tenia que viajar a una zona montañosa, muy lejos de la gran ciudad, mi labor, servir como mediador para que el ELN (Ejercito de Liberación Nacional) dejaran en libertad a unos secuestrados del CTI de la fiscalía que llevaban varios meses privados de la libertad, no puedo negar que tenia miedo y me daba escalofrió estar en una zona en la cual los únicos conocidos eran mis dos compañeros que estarían conmigo en la misión humanitaria, pero no podía dar marcha atrás, mi corazón me decía que debía estar allá y mi profesión me lo recalcaba con cada palpitar de mi corazón.
Emprendimos el viaje a ese lugar desconocido para nosotros alrededor de las seis de la mañana, no pronunciábamos palabra, solo nos mirábamos los rostros y con una leve sonrisa nos decíamos “todo saldrá bien”; llegamos a Valledupar y nos detuvimos en ese lugar alrededor de media hora para recoger a una periodista de RCN televisión Y Caracol Televisión, de ahí en adelante todo se volvía un secreto, teníamos que hacer muchas paradas en diferentes pueblos, cambiar de transporte e irnos por lugares casi intransitables, mi corazón latía a mil por hora y solo me encomendaba a Dios para que no tuviéramos percances en el camino y pudiéramos regresar a casa sanos y salvos con los liberados, mi compañeros de viaje, en su rostro, paresia como si no sintieran miedo, pero al hablar con ellos, la voz les temblaba y no decían gran cosas.
Después de un largo trayecto por las montañas de Colombia, el denso sol quemándonos la cara y cientos de especies de animales que nunca en mi vida había tenido la oportunidad de ver, mirándonos como los bichos raros de ese lugar, llegamos a las coordenadas dadas por el grupo al margen de la ley, el lugar estaba desierto, algo raro, de un momento a otro todos los animales que rodeaban el lugar quedaron en silencio, solo se oían los murmullos de los periodistas de los medios de comunicación diciéndole a sus camarógrafos que plano enfocar, de un momento a otro nos vimos rodeados por cientos de guerrilleros, que nos miraban de una forma muy singular, en ese momento recordé que en las horas de la mañana había sentido la misma sensación cuando caminaba por las calles de la ciudad, sentí que el corazón se salía de mi pecho, después de unos minutos, se acerco el comandante del frente, muy amable nos extendió la mano a cada uno de nosotros y nos dijo “bienvenidos a mi territorio”.
Los periodistas de RCN y Caracol, estaban felices, nunca habían asistido a una misión humanitaria, corrían de lado a lado, entrevistaban o intentan hablar con los guerrilleros, en su rostro se veía una gran alegría por estar en ese lugar, pero algo me decía que no todo seria bueno ese día.
Al finalizar la tarde y luego de haber tenido un charla muy extensa con el comandante, nos dejaron ver a los futuros liberados, encadenados, sucios, desnutridos, pero en su rostro una gran alegría de saber que podrían pasar la navidad con sus familias, y de cierta forma, no se porque, pero los guerrilleros también daban señales de risa y de felicidad por que ellos se iban de ese lugar. De un momento a otro llego corriendo una guerrillera con el radio “comandante, cambio de ordenes” todos quedamos estupefactos, el comandante se retiro unos cuantos metros del lugar y a los pocos minutos volvió, llamo aparte al que comandaba la operación que era un funcionario de la defensoria y le dijo “compañero, que pena con usted y con sus acompañantes, pero por ordenes supremas hay un cambio de planes y quedan secuestrados”, él se acerco a mí y me dijo, “compadre estamos secuestrados, no le diga nada a los periodistas porque se pueden complicar las cosas, son muy jóvenes y se nota que no están preparadas para esto”; pasaron millones de cosas por mi cabeza, mi familia, mis amigos, mi vida, “yo se como son los secuestros, pueden pasar días, semanas, meses y años” tuve calma, en el interior estaba que salía a correr e irme de ese lugar y no volver a saber nada del periodismo, de la defensoria ni de la guerra, pero afortunadamente mi experiencia me decía que tenia que actuar con cautela.
Los periodistas cuando vieron que ya estaba oscureciendo, se preocuparon y nos dijeron “que paso, a que hora nos vamos” pensé rápido y les dije, lo que pasa es que ya esta muy tarde y por cuestiones de seguridad es mejor que nos quedemos esta noche aquí, recuerdo que una de las periodistas dijo “que bien, que experiencia tan buena, me voy a fajar con mi nota” y me pregunte ¿Cómo actuaria si supiera que esta secuestrada?
Afortunadamente, entre todos las cosas que llevábamos, había un teléfono satelital y nos logramos comunicar con el defensor del pueblo en Bogotá, con la voz temblorosa y casi llorando le comentamos todo lo que había pasado y que por favor hiciera todo lo posible para sacarnos de ese lugar, afortunadamente teníamos contacto con los jefes del ELN al igual que lo tenemos con las AUC y las FARC pues de eso se trata el periodismo, de ser imparciales en las fuentes y saber que todos cumplen una función muy importante en el país; paso un día, dos días, cuando nos dimos cuenta ya era 24 de diciembre, ya estaba resignado a pasar la navidad y el año nuevo fuera de mi hogar y aun peor de pasarlos secuestrado; escuche el rumor que nos iban a trasladar de lugar, y si nos trasladaban las cosas se complicarían aun más, lo único que hice fue rezar con mis compañeros que sabían lo que verdaderamente estaba pasando, mientras los periodistas se divertían tomándole fotos a diversas especias de animales que veían.
Al caer la tarde, gracias a Dios y a nuestra fe, logramos contacto directo con francisco Galán el jefe del ELN, que en ese tiempo estaba en Itagui en la cárcel, y recuerdo que le dije “hermano, estoy aquí con sus hombres me tienen secuestrado, estaba en una labor humanitaria y me dejaron aquí con unos compañeros”, el muy amigable y respetuosos me dijo “no se preocupe, ya solucionamos eso”, final mente hubo una negociación entre muchos entes y por fin escuchamos de la voz de comandante “libérenlos”.
De vuelta a la gran ciudad, me comunique con todo mi familia, creo que no me falto nadie, y nunca había estado tan feliz en mi vida, sentí que el alma me volvió al cuerpo, como si volviera a nacer, las periodistas, solo supieron de lo que había pasado has que estaban de vuelta a Valledupar, y entraron en chock, lloraron, gritaban y le daban gracias a Dios, y volví y me pregunte ¿como hubieran actuado si se lo hubiéramos allá en la selva? No estaban realmente preparadas para cubrir el conflicto
Por: Julian Jerez